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El papa Francisco anima a los jóvenes «a socorrer al pobre y al que se siente abandonado»

23 enero, 2017

La Jornada Mundial de la Juventud que se está llevando a cabo en Polonia ha celebrado la ceremonia de acogida presidida por el papa Francisco. Cientos de miles de jóvenes han asistido a esta cita en el Parque Blonia, de Cracovia. Los jóvenes han dado la bienvenida al Santo Padre con bailes de diferentes países del mundo.

Todos los asistentes han vivido este acto con mucha emoción, y han escuchado con atención el discurso del papa, quien ha agradecido a Juan Pablo II haber propiciado estos encuentros. “Desde el cielo nos está acompañando, viendo a tantos jóvenes pertenecientes a pueblos, culturas, lenguas tan diferentes con un solo motivo: celebrar que Jesús está vivo en medio nuestro. Y decir que está vivo es querer renovar nuestras ganas de seguirlo, nuestras ganas de vivir con pasión su seguimiento”, señaló.

Además, el papa Francisco en su discurso ha lamentado encontrar a jóvenes “que parecen haberse ‘jubilado’ antes de tiempo. Me preocupa ver a jóvenes que ‘tiraron la toalla’ antes de empezar el partido. Que están ‘entregados’ sin haber comenzado a jugar. Me duele ver jóvenes que caminan con rostros tristes, como si su vida no tuviese valor. Son jóvenes esencialmente aburridos… y aburridores, que aburren a los otros. Esto me duele”.

En este sentido se ha dirigido a los jóvenes para indicarles que Jesucristo es quien sabe darle verdadera pasión a la vida: “Jesucristo es quien nos mueve a no conformarnos con poco y a dar lo mejor de nosotros mismos; es Jesucristo quien nos cuestiona, nos invita y nos ayuda a levantarnos cada vez que nos damos por vencidos. Es Jesucristo quien nos impulsa a levantar la mirada y a soñar alto”.

Por último, el pontífice ha rogado al Señor, que nos lance a la aventura de la misericordia, “a la aventura de construir puentes y derribar muros, lánzarnos a la aventura de socorrer al pobre, al que se siente solo y abandonado, al que ya no le encuentra sentido a su vida. Lánzanos a acompañar a los que no te conocen y decirles, lentamente y con mucho respeto tu nombre y el porqué de mi fe”.